Tan lejos. Tan cerca

Fragmento de la muestra

Una de las imágenes expuestas

Es bueno echar la mirada atrás. No anclarse en el pasado, cuidado. Pero sí girar la cabeza y contextualizar lo vivido. Solamente así podemos valorar, en su justa medida, los avances y cambios que se suceden en nuestras vidas. Que estamos mal, en muchos sentidos, nadie lo duda. Que hemos estado infinitamente peor es innegable.

Visité ‘in extremis’ la muestra fotográfica “La memoria del tiempo. Fotografía y Sociedad en Castilla y León 1839-1939”, que cerró sus puertas al público en la Plaza de San Boal el pasado 1 de Mayo. A pesar de ser último día, la Sala Caja España-Duero estaba bien nutrida de asistentes. Vale que era festivo y, en ese caso, las cifras siempre son relativas, pero todo el público cuenta. Hasta el circunstancial. Los responsables de la Fundación Villalar deben estar satisfechos con las cifras: más de 50.000 visitantes desde el 12 de febrero. No está nada mal, existe vida cultural en la ciudad, a pesar de todo. Y me alegro de ello.

Además de llevarme una sincera alegría por no visitar la exposición a solas, me encantó la selección de imágenes para la misma. Nada rebuscado ni demasiado específico, sino de todo un poco: días de mercado en plazas mayores, representaciones de lo que entonces se conocía como “fuerzas vivas”, retratos, paisajes… De todas las fotografías de la muestra me impresionaron, por encima de las demás, las que tenían por título “Tipo de la zona tal o cual del pueblo Nosecuantos” En esas instantáneas quedaron inmortalizadas personas normales, sustraídas durante un momento de sus quehaceres, para mayor gloria del fotógrafo de turno.

Me impresionaron las miradas, aún veteadas de extrañeza ante aquel armatoste aparatoso, que congelaba momentos y que desplegaban ante ellas por diversión o como registro histórico. Esas caras, duras y resignadas, baqueteadas por las necesidades y los trabajos de entonces, transmiten una crudeza y, en ocasiones, un sufrimiento que estamos lejos de imaginar, quienes hemos nacido en loor de abundancias y cómodos almohadones democráticos. Gestos crudos para tiempos oscuros.

“La memoria del tiempo” abarcaba una franja de apenas 100 años. En términos históricos podemos decir que se trata de imágenes de anteayer mismo. A pesar del escaso tiempo transcurrido, el salto hacia adelante que hemos dado como sociedad es abismal, si comparamos aquellas condiciones de vida, aquellas costumbres con las presentes. Para poder entender el auténtico significado de la palabra “miseria” basta con acudir a cualquiera de las imágenes de esos “Tipos de…” En aquellos días, el trabajo en el cambo era lo habitual para el 90% de la población. Cargar un jumento con leña, acudir al Monte de Piedad para recuperar una prenda empeñada, dejarse las manos y la espalda trillando, vender cisco o pedir limosna al señor cura era lo más normal del mundo.

En muchos sentidos, las imágenes que vi en ese último día de exposición me congraciaron con nuestra historia reciente y con mis antepasados, que vivieron de aquella forma para que yo pudiera vivir como hago ahora. También me ayudaron a relativizar, como les decía, sobre lo que son de verdad tiempos difíciles, crisis y apreturas. Me pregunto si, habiendo existido épocas tan jodidas como aquella, tenemos derecho a lloriquear porque queremos un iPhone que vale 500€.

También es cierto que, mientras cruzaba la Plaza de San Boal, camino a casa, me saltaron las alarmas mentales. Nuestros abuelos y bisabuelos se comerían esta crisis con patatas, apretarían dientes y cinturón y tirarían pa’lante. Como si nada. Pero ¿y nosotros? ¿Estamos preparados para sobrevivir a unos tiempos que no son ni la mitad de duros que aquellos? ¿Estamos dispuestos a retroceder, a ceder parte de todo lo que hemos ganado desde entonces? Me pregunto si, realmente, aquellas imágenes y las que vemos en los periódicos – en los pocos periódicos que quedan – distan tanto entre ellas, si nosotros somos tan distintos a aquellos tipos. O si terminaremos siéndolo.

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Archivado bajo Charrizando, Cultura, Reflexiones e Idas de Olla

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