Zombis

Nos quejamos de la crisis. Con motivo, además. La situación financiera del país se está llevando por delante todo lo que encuentra. Arrasa con todo, igual que los incendios en Canarias fulminan nuestro patrimonio natural, para transformarlo para siempre. Y buscamos responsables y nos indignamos. Y eso está muy bien, pero no todo en la crisis es malo.

A mí me ha valido de mucho esta crisis. Me ha enseñado a despertar. Gracias a la crisis puedo enfrentarme conmigo mismo y descubrir lo que realmente soy. ¿Qué soy? Nada. Soy un muerto que respira. Un zombi como los de las películas, que avanzan arrastrándose, deambulando en sus cascarones vacíos, buscando algo que no encontrarán jamás.

No tener esperanza es una bendición, no una carga. Eso me ha enseñado esta crisis. Sin esperanza, al menos, sabes que no hay nada al final del camino. Gracias a la crisis he descubierto que eso del futuro, la felicidad y el final feliz está muy bien para las películas. Pero para nada más.

The Walking Dead, saison 1

Lo lamento por aquellos que me educaron, eso sí. Siento algo de lástima por quienes se empeñaron en grabarme a fuego en la cabeza que no era menos que nadie, que no era distinto a nadie y que podría conseguir lo que quisiera, si me esforzaba. Estuvo muy bien, todo ese esfuerzo. Esos mantras contribuyeron a llenarme el equipaje de ilusiones, sueños y metas que alcanzar. Hoy en día, todo eso está tan muerto como yo mismo pero, en su momento, era necesario. No puedo renegar de ello, lo agradezco. Pero con la crisis he tenido que aceptar la realidad tal cual es. Y afrontar el propio fracaso es un tremendo paso hacia adelante. Para llegar a ninguna parte, en realidad, pero paso adelante al fin y al cabo.

Y debo estar agradecido. Debo dar las gracias a la crisis por quitarme la venda de delante de los ojos. Al menos cuando alguien me pregunte ¿Y qué haces, a qué te dedicas? podré responder sin temor a equivocarme: respiro, hago como que vivo, sin vivir. Claro que no lo diré así, no quiero que me miren más raro de lo que ya lo hacen. Pero estaré seguro de algo, por primera vez en mucho tiempo. Soy un zombi, un fracasado, un soldado de la nada. Y eso es tan seguro como que al uno le sigue el dos. Malgastamos nuestra existencia buscando certezas. Yo ya cuento con esa, al menos. Puedo dejar de buscar.

También me fastidia que haya muchos zombis como yo que no saben que lo son. Me gustaría poder decirles a todos y cada uno “Despierta, no busques más. No pierdas el tiempo. Somos muertos vivientes, que no te cuenten historias” Durante un tiempo pensé que ese era mi trabajo. Ahora ya no. A mí me ha costado mucho darme cuenta, que los demás hagan el camino por si solos y lo descubran, uno a uno. Será liberador para ellos, como lo ha sido para mí. Eso es lo bueno de la crisis, que te convierte en un autodidacta del fracaso.

Supongo que a eso se reduce todo, a decidir en qué momento tirar la toalla. Si, con la crisis, tienes más claro que antes que ese momento es ahora, al menos hay que dar las gracias.

Tampoco me hagan demasiado caso. Los zombis somos así, creemos que vivimos y no lo hacemos, en realidad. Nos da por creer que pensamos pero tenemos la cabeza tan vacía como el corazón. Pensamos que las cosas tienen sentido. Y no lo tienen.

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9 comentarios

Archivado bajo Reflexiones e Idas de Olla

9 Respuestas a “Zombis

  1. Listillo (ex Ursus)

    Enhorabuena por haber publicado una nueva entrada. Se echaba de menos, y uno podría ser perdonado por preguntarse si el salto al frío fuera de las paredes conceptuales del medio (nada de amenazas implícitas, por favor, no seamos dramáticos ni paranoicos) habría llegado a congelar aún en este tórrido verano sus entregas. Sé bien, por su propia declaración de intenciones, que este comentario no va a tener respuesta. Lo cual no termino de entender. Cuando uno escribe y publica lo hace con la intención de suscitar una reacción. Quiero pensar, y además me consta, que esto mismo subyace en su ánimo al facilitar la lectura pública y el ilimitado acceso a sus palabras. Pero ese interés, ocasional o no, que puedan despertar sus escritos en aquellos que los leen, debería convenir conmigo que no es de razón que siempre haya de ser favorable, entusiasta, acorde y positivo. Si lo que espera es eso mejor hiciera en distribuir sus palabras únicamente entre los amigos, furibundos o no pero siempre meritoriamente leales, y abstenerse de hacerlos disponibles con tanta liberalidad, abriéndolos a opiniones alternativas. Si el autor de una crítica o un comentario expresado en términos aceptables, en los que no cabe encontrar ni un asomo de grosería o falta de respeto, es reputado de troll por el mero hecho de producirlo, francamente, creo que debería hacer una reflexión crítica y sincera de lo que espera conseguir con la publicación de sus escritos.

    Debo agradecerle su opinión sobre mi manera de escribir. Y lo hago sinceramente. Yo opino lo mismo de sus escritos. Pero créame, que me lo diga no me pone. Me ponen las mujeres bellas, especialmente si yo noto que les pongo a ellas. Pero nada sobre mi manera de escribir me pone. Hace ya muchos años que tengo asumido que es una de mis herramientas de trabajo que uso con cierta práctica.

    Hay varias referencias en su última contestación, larga y detallada, a una supuesta intención mía de tocar los cojones, imagino que los suyos. Fuera así o no, hay muchas maneras de hacerlo. Incluso cabe el preguntarse si el que alguien tenga el deseo, la pulsión o la inclinación a llevar a cabo tal acción sobre tan íntima parte de una persona no es producto de una similar situación anterior, por más que inversa.

    Uno no tiene porqué esconderse de sus opiniones cuando son sinceras, pero es bien cierto que la pseudonimia (que no anonimato) es un modo de expresión de la privacidad. Si no le gusta no debería ofrecer esa opción en su blog. También se encuentra al servicio de la protección, en el caso presente, de terceras personas importantes para mí. Desde luego no de quien esto escribe.

    Su texto sobre los no muertos me recuerda sobremanera a los escritos y sentimientos de alguien muy cercano y querido. Nunca pude decirle a esta persona, por varias razones que no vienen al caso, que no es la vida ni las cosas las que deben tener sentido, sino nosotros los que se lo otorgamos o no. Y eso no depende de la crisis. Haga el intento. Recoja la toalla del suelo, que se le va a ensuciar, y úsela para secarse el sudor del esfuerzo requerido para ello. Vale la pena.

    • Estimado Listillo (ex Ursus):

      Igual que me sorprende su comentario (por el tiempo transcurrido y el tenor de nuestro último intercambio de palabras) trato de sorprenderle respondiendo, algo que imagino que no esperaría. Gracias por seguir leyendo mi blog, a pesar de todo. Me temo que debe ser de los pocos lectores que me quedan. Respecto del contenido de su comentario, gran parte de él hace referencia a entradas y comentarios anteriores y considero el asunto zanjado por mi parte, no ahondaré en más debates. Es cierto, publico para que todo el mundo lea, comente y opine. Usted no puede ser ni será menos que los demás, por más positivos y entusiastas que sean las aportaciones de los amigos y familiares. Comente lo que considere oportuno en los términos que desee. Eso sí, cuando opine sobre mi vida personal, profesional o privada (si se da el caso), trate de hacerlo con conocimiento de causa. No tiene nada que ver con el anonimato, derecho que le asiste, sino con la fea e hispánica costumbre de tirar la piedra y esconder la mano.

      En lo referido a la última parte de su comentario, me sorprende aún más si cabe el tono y su exhortación a encontrar el sentido de todo dentro de uno mismo, a seguir batallando y a que las cosas merecen la pena. Viniendo de una “Némesis” (si me lo permite), me deja patidifuso. Se lo agradezco sinceramente, muchas gracias por los ánimos y por su deseo de que continúe en la batalla. Pero, como no podía ser de otra manera, hasta en eso disentimos. Ni creo que mi existencia tenga ningún tipo de sentido ni que prácticamente nada en este mundo valga la pena. Un saludo

      PD: Me gustaba más su anterior seudónimo. Le animo a que continúe usándolo

  2. Listillo (ex Ursus)

    Mi pseudónimo no lo he elegido yo. Lo puso usted. Yo acepto los regalos con gratitud.

  3. Alvaro

    Andas algo decaido, no te conozco mucho, pero creo firmemente en que nadie puede ver el futuro, incluido tu, por lo cual no sabes que dichas o desdichas te depara y los zombies solo lo son por carecer de mente, lo cual, no cumples, un abrazo de Alvaro desde Zamora

  4. A ver, chavalín. Paso de formalismos, de florituras del lenguaje y de gongorismos pseudoacadémicos que no hacen sino tergiversar en cierto modo el mensaje a transmitir.
    En una sola frase:
    “BESTE A LA MIEEEEERDA!!” #findelacita
    Y ahora, me explico.
    Ningún cascarón vacío expresa y comparte mensajes, como haces tu.
    Ningún zombi, por muchos miembros que haya perdido, acepta su situación, sino que trata de ir buscándose la “no vida” a la caza de cerebros y carne fresca.
    Los zombis acaban ganando SIEMPRE porque cuentan con algo de lo que carecen los protagonistas. A saber: un objetivo común y tozudo. Fuente Ovejuna Style.
    Que LACRICI nos está sumiendo a todos en un estado de aletargamiento es un hecho innegable, pero una cosa te voy a decir, amigo. Cuando uno no tiene nada, nada tiene que perder. Es el momento de coger la mochila vacía y empezar a llenarla de cosas nuevas. Tú eliges el contenido de ese equipaje.
    Por lo demás, levanta, coño! Tira palante! Siempre habrá alguien ahí, seguro, a un lado del camino, con un cacho de pierna fresquita que poder compartir.
    Besis de mariposi!

  5. Muf

    Interesante. Diría que comparto todo lo que dices, excepto una apreciación. Creo que aceptarse a uno mismo como soldado de la nada, aceptar que todos los objetivos y caminos para los que nos educaron son, en gran medida, equivocados, es lo mejor que me ha pasado nunca. Cuando no hay camino de baldosas amarillas que seguir, uno puede recorrer Oz alegremente. Sí, las brujas y tal hacen pupa por el camino, pero el viaje se hace muchísimo más interesante. Acepto que nada tiene sentido ni objetivo, lo que me permite darle el que yo elija. O no darle ninguno, que también es una elección.

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