Perdona, ¿Tienes fuego?

Como no solo de Internet vive el hombre, hay que darse una vuelta de cuando en cuando, para desengrasar las habilidades sociales, tomar una copa y que le dé a uno un poco el aire que, si no, te acartonas y vas por ahí desprendiendo olor a naftalina.

La primera parada suele estar dedicada a la cena. Un bocadillo o una hamburguesa, para los más ‘pelaos’ por la crisis o un picho vanguardista en los locales de moda, para los amantes de la gastronomía de nivel y los adictos al Instagram, al FourSquare y el exhibicionismo en el mundo 3.0, donde parece que no comes nada si no sacas la foto ‘modernita’ al plato de turno y compartes tu placer con el mundo mundial.

En una ciudad como esta, el dónde tomarte la copa en cuestión suele ser lo de menos. Lo que importa es elegir una ginebra Premium, que te preparen un buen Gin-Tonic/ensalada multicolor y colocar el radar del sex appeal a pleno rendimiento.

Y es que, salvando honrosas excepciones, por lo que puede comprobarse, la vida nocturna se sigue reduciendo casi exclusivamente a la búsqueda de rollete, desde el albor de los tiempos hasta hoy. Para los que estamos fuera del mercado pero somos curiosos, observar el comportamiento de la manada resulta fascinante, dada su efectiva simplicidad. No es que todavía se estile eso de “estudias o trabajas”, pero tampoco hay demasiadas variaciones: “Oye, tu cara me suena muchísimo. ¿Pasas por aquí a menudo? ¿Me dejas que te invite a una copa?” “¿Tú no has estudiado Farmacia? Creo que fuimos a clase juntos” Los movimientos del ballet del ligoteo son escasos y de sobra conocidos, pero no por eso menos utilizados.

Miradas lanzadas a distancia, sonrisas y cuchicheos, lenguaje corporal enviando señales sutiles como cañonazos, encuentros aparentemente casuales a lo largo de una noche dedicada al baile, al alcohol, a Paquito el Chocolatero, al regetón, al último éxito de Pitbull o Lady Gaga… En mitad de la vorágine, con un poco de suerte, una conquista de la que presumir entre amigos o en la oficina, un polvete sin compromiso, quizás el amor de tu vida… Para gustos, colores. Unos y otras juzgan, evalúan, tantean y eligen, pasan a cada aspirante por su escáner particular, casi siempre sin prestar demasiada atención al interior pero alerta a los músculos, el bronceado, la minifalda o el escote, natural o quirúrgico, preguntándose por las habilidades sexuales de cada cual, o tal vez deseándolas para disfrute propio. Frivolidades aparte, esto es lo que hay. Así ha sido siempre y no creo que cambie en el futuro. No me sorprende ni me molesta. Tan solo me parece curioso lo unidireccionales que somos, a veces.

Así las cosas, puede uno dedicarse a buscar caras conocidas, a saludar a gente a la que hace mucho que no ves, a las charlas intrascendentes y al Etiqueta Negra mientras la cacería se desarrolla a tu alrededor. Al mismo tiempo que las ninfas de la noche pasean sus encantos y los enffants terribles las persiguen como perritos falderos, puedes desempolvar todos los recursos de tu oratoria más desenfadada para preguntar por ese compañero de la carrera, para contar alguna anécdota reciente, cotillear sobre cualquier tontería o sencillamente para salir al paso del acoso de algún pesado con demasiadas copas encima. Puede uno pasarlo muy bien, sinceramente.

Con la madrugada ya avanzada, de regreso a tu cueva particular, puedes comprobar, satisfecho, que a cualquier pareja anónima le ha dado resultado el despliegue de recursos y se da mutua, ardiente y movida recompensa en una esquina o un parque, si la temperatura no es demasiado gélida. Aún recuerdo una noche en la que me encontré a dos amantes vencidos por la urgencia y la ansiedad, ambos con la ropa interior por los tobillos y copulando a oscuras en las escaleras de mi portal. Apenas pararon el tiempo justo que tardó en llegar el ascensor y me alejó del escenario de su hazaña, entre risas y jadeos. No sentí vergüenza. Ellos, al parecer, tampoco.

Después de la ducha, bendiciendo al inventor del colchón y el aroma del detergente, te felicitas a ti mismo por no ser un asqueroso antisocial y puedes permitirte caer rendido mientras te preguntas, con una sonrisa soñolienta, cuántos cazadores y cazadoras harán esa misma noche, una muesca más en la culata de su rifle de precisión.

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1 comentario

Archivado bajo Charrizando, Reflexiones e Idas de Olla, Sociedad Contemporánea

Una respuesta a “Perdona, ¿Tienes fuego?

  1. Ele

    Fantástico, como observar por la mirilla. Lo he disfrutado de veras.

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