Mentiras. Y gordas

Me imagino que ya estarán ustedes habituados a que, a la elite dirigente de este país, le preguntemos “Qué hora es” y, acto seguido, nos respondan mecánicamente “Manzanas traigo”. No hablo del incumplimiento de un programa electoral – condición parece que indispensable, para dedicarse a esto – sino de la constante contradicción en el desarrollo de su actividad diaria.

El pasatiempo favorito de nuestros políticos es estar de campaña electoral, bien sea local, autonómica o general. Parece que vivimos en un lacónico e inútil Día de La Marmota de mítines y votaciones. A pesar de eso, los dirigentes y candidatos no se desalientan. Las elecciones suelen inflamarles el ánimo y podemos verlos inagotables recorriendo kilómetros, como los Rolling Stones en sus mejores tiempos. Sonrisas, saludos, ovaciones y estrechamiento de manos. Y sobre todo palabras. Muchísimas palabras vacías. Las más recurrentes aseguran que el auténtico motor económico de este país reside en el pequeño y mediano empresario, en el desarrollo, la innovación y en el espíritu emprendedor. No me digan que no les suena. Y visto así, fríamente, que no suena bien, incluso.

Ocurre que las palabras – sobre todo si son vacías o, directamente, mentiras – se llevan a matar con la realidad y con los datos. De la hipotética apuesta de España por el I+D+i es mejor que no hablemos. El tijeretazo en esta área, que no es patrimonio exclusivo del Ejecutivo actual, llega a alcanzar proporciones épicas y, para investigar de verdad, la única alternativa real está más allá de nuestras fronteras. Si se dedican a la ciencia o conocen a alguien que lo haga, saben bien de qué les hablo. Y tampoco es distinta la realidad, en lo referente a la pequeña y mediana empresa. No se trata ya de que, a pesar de las palabras – o mentiras – de nuestros políticos, al autónomo de turno le toque ejercer, a efectos prácticos, de recaudador para el Estado, le vaya bien o mal. No es que sea vergonzoso que un empresario deba pagar sus retenciones y sus impuestos puntualmente, con independencia de si cobra sus facturas o no. Tampoco hablo de que las normativas beneficien, por norma general, a los grandes y no a los pequeños, ya que estos últimos no pueden formar parte de ningún lobby que ajuste el dogal de quien dice gobernarnos.

Se trata de que estamos viciados desde el inicio. Es más fácil iniciar una actividad empresarial en Afganistán o Burundi que en España. Así se desprende del estudio Doing Business, elaborado por el Banco Mundial, del que ofrece algunos datos Miguel Jiménez en una información del diario El País. Montar una empresa en España es trabajoso, caro y, por norma general, nada conveniente. Si tiene usted ganas de hacer un Juan Palomo empresarial, es mejor que se lo piense dos veces, al menos si quiere montar su empresa aquí. Y, desde luego, lo de contratar, para cuando lleve usted años ganando dinero a manos llenas. Y ni siquiera entonces.

Recientemente asistí a un encuentro para emprendedores en la ciudad. Allí habló de todo esto Borja Prieto, quien explicó su experiencia personal y dio algunos consejos a los asistentes que quisieran dar el paso de parado a empresario. Me quedaron claras varias cosas, tras la charla del Sr. Prieto. La primera de ellas es que, si existe demanda de determinado producto o servicio, ya no hay que ofertarlo de forma física en un local de cara a la calle. Es más rentable vender on-line, con la vista puesta en un mercado internacional y deslocalizando la producción, si es posible. La segunda es que el estado español, cuando acudes a él para decirle “Quiero montar una empresa” da por sentado que vas a defraudar y, para curarse en salud, te cobra de primeras hasta por respirar. El hecho de que vendas tu producto o no, de que te marche bien o mal, al Estado le da igual. Todo son problemas y la maraña burocrática y sus costes desaniman a cualquiera. Resumiéndolo mucho, en otros países, ante la propuesta “Quiero montar una empresa” la respuesta suele ser “De acuerdo, móntala. Trabaja y, dentro de un año, vemos cómo te ha ido y rendimos cuentas, en función de lo que hayas ganado” Con sede fiscal en el extranjero se puede montar una empresa, con plena validez legal, a través de Internet, en un plazo medio de 48h y a un precio francamente irrisorio, en comparación con los costes y trámites españoles. Los países más golosos para arrancar empresarialmente figuran en el informe del Banco Mundial (en inglés), por si les interesa.

Ahora me dirán que no entra la risa, comparando ambos supuestos. Y no nieguen tampoco que es un tipo distinto de emigración, el que plantea este marco, que también desalienta al más pintado y que debería preocuparnos (mucho) a todos. La próxima vez que escuche a un político decir que apoya a las PYMES y los emprendedores en este país, le hago copiar el informe Doing Business cien veces. A mano.

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1 comentario

Archivado bajo Extramuros, Política, Reflexiones e Idas de Olla, Sociedad Contemporánea

Una respuesta a “Mentiras. Y gordas

  1. Aishhhhh…Leyendo esto no se si cortarme las venas o dejármelas largas. O mejor aún, cortárselas a algún sinverguenza de esos politicos que dicen apoyarnos.
    Gracias por tu apoyo, que ese, el tuyo, tus horas extras que no me cobras, son el auténtico apoyo a mi micro empresa.
    Te quiero tío.

    Luis.

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