Quiero ser como Ronaldo

Después de la emisión del último programa de “Salvados“, que inició temporada el pasado domingo hablando de educación, (se puede ver completo aquí) me sorprende que los aeropuertos no estén colapsados, llenos de gente con ganas de abandonar el país para no volver jamás.

El equipo comandado de Jordi Évole habló de nuestro sistema educativo y los recortes aplicados al mismo. También lo comparó con otro sistema que funciona y que suele copar los primeros puestos en las listas de competencia y calidad educativa: el finlandés. Como suele ser habitual, cada vez que La Sexta emite el programa, las redes sociales hervían el domingo y los datos de audiencia resultaron incontestables. En el “minuto de oro” del programa, casi cinco millones de personas asistieron al vergonzante ejercicio de comparación entre la forma de educar a los enanos finlandeses y la forma de amueblar las pequeñas mentes españolas. A nivel empresarial y de resultados, La Sexta puede respirar tranquila. “Salvados” es un rotundo éxito.

Pero mi modesta opinión es que “Salvados” no hace otra cosa que jugar con las cartas marcadas o, cuando menos, realizar un peligroso ejercicio de demagogia y populismo perjudicial. Comparar el sistema educativo finlandés con el español se me antoja tan inútil como hacer una comparación análoga, entre mi modesto físico y el de un deportista de élite como, pongamos por caso, Cristiano Ronaldo. No necesito mirarme al espejo cada mañana y ver una fotografía del portugués a continuación para constatar que, para igualarme con el luso, el camino de duro trabajo que me quedaría por delante abarcaría meses. Quizás años. Y posiblemente, nunca jugaría para el Real Madrid.

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La genética del portugués no tiene nada que ver con la mía, por desgracia. Su trabajo se reduce, casi exclusivamente a potenciar y exprimir sus cualidades físicas para sacar partido a esos dones genéticos con los que ha sido bendecido por la madre Naturaleza. Del mismo modo, el abismo que separa a la sociedad finlandesa y la española es tan grande que casi no puede distinguirse la otra orilla. Por otro lado, más allá de hacer patentes las lógicas diferencias, compararme con la élite no vale de nada si no se hacen visibles las razones por las que somos diferentes. Y resultaría frustrante tomar conciencia de las diferencias y no mostrarme el camino para reducirlas.

Somos distintos a los finlandeses, su “genética” y la nuestra distan mucho de parecerse. El tejido sociopolítico, económico y cultural es tan diferente que casi parecen de otro mundo. Ni mejor ni peor. Tan sólo extremadamente distintos. Y, aunque Ana Rosa Quintana se empeñe, no se queda todo en las cañas y las tapas en una terracita de verano que, para los nórdicos, están vedadas. Tampoco podemos consolarnos con su alta tasa de suicidios – también un argumento demagógico -. Tenemos que ser conscientes de las diferencias y, si queremos acortar distancias, ir al origen de los problemas.

Sabiendo que mi cuerpo y el de CR7 nunca serán iguales, si quiero parecerme a él necesitaré meses y meses de gimnasio, una dieta estricta y un plan de trabajo físico  específico, además de unos hábitos de vida draconianos. Si queremos que nuestro sistema educativo se parezca al finlandés debemos trasplantar la conciencia cívica, política y económica de los nórdicos. Algo bastante difícil, si se es honesto y realista. La educación empieza en casa, no en las aulas. Los políticos están al servicio de la educación y no al revés, la educación es una cuestión de estado y no un arma electoral. ¿Quieren que siga? La educación de un enano implica a varios actores, que deben estar concienciados de su labor e importancia, para remar en la misma dirección. Eso no sucederá en este país hasta que TODA la ciudadanía le diga a los responsables “Hasta aquí estoy dispuesto a aceptar. Quiero ser como  Ronaldo” Y tampoco servirá de mucho si los responsables no recogen el guante y aceptan el reto.

Está muy bien admirar el portento físico que es Ronaldo. Pero no puedo lamentarme, sentado en el sofá, porque no puedo realizar un despliegue como el suyo, en cada partido. Para eso hay que sudar y sufrir, señores. Y los de La Sexta, Évole el primero, deberían hacer algo más que ponernos el espejo delante, junto a una foto de un cuerpo escultural. Debería mostrarnos el camino del gimnasio.

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4 comentarios

Archivado bajo Cultura, Medios de Comunicación, Reflexiones e Idas de Olla, Sociedad Contemporánea, Televisión

4 Respuestas a “Quiero ser como Ronaldo

  1. Por una vez estoy de acuerdo, aunque con matizaciones. No creo que la genética nórdica sea mucho mejor que la nuestra. Te comparas con un deportista de elite, pero la comparación de «Salvados», a mi entender, no es con un sistema educativo «de elite» sino con un sistema educativo como Dios manda. Por tanto, para que la analogía fuera precisa, deberías comparar tu cuerpo con el de una persona sana, y verías que no hay mucha diferencia.

  2. Pues me alegra que coincidamos, joven. Que ya es toda una novedad.

    Respecto a que mi organismo y mi físico sea sano 100%… se nota que no nos vemos hace mucho XD Ahora bien, estoy obcecado en obtener resultados físicos próximos de aquí a un año, más o menos. Más allá de lo que diga mi carga genética.

    Muchas gracias por comentar. Se te echaba de menos. Un saludo

  3. Estoy muy de acuerdo con lo que dices, extrapolando el ejemplo a la corrupción política, estaría bien para empezar a “ser Ronaldo” por pedir TODAS las facturas con IVA y no admitir que nadie, bajo ningún concepto esté cobrando el paro y trabajando, y así sucesivamente…
    Un saludo

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