Triunfadores en espera

Estoy acojonado. Se lo juro a ustedes. Hace bien poco me tocaba representar a la Asociación Salmantina de Periodistas (ASPE) en una mesa redonda, junto a otros ponentes de distinto perfil. La mesa redonda la organizaba la Facultad de Ciencias Sociales y se centraba en el empleo y la inserción laboral. Todo muy “institucional” y según el guión establecido.

Por algún motivo que ni yo mismo entiendo, me encantan estas oportunidades. Me gusta encararme con chicos jóvenes y hablar de la vida, de la realidad, de lo que hay más allá de los muros de las facultades. Siempre que tengo oportunidad  – ya lo he hecho alguna vez – procuro decir, a quien quiera escuchar, aquello que me hubiera gustado que me dijeran, con 18 ó 20 años.

Y no pretendo sentar cátedra ni dar ejemplo. Por suerte o por desgracia no soy ejemplo de nada. Tan solo quiero ser honesto con los chavales. Porque sí, porque dependo de ellos, en ellos está el futuro de todos. Y porque estoy convencido de que puede que sean (que seamos) una generación perdida – también lo he dicho aquí – pero no una generación muerta. El paro nos acosa a todos, pero estar parado no es sinónimo de estar quieto.

Por eso les digo que estoy asustado. Porque frente a ellos, sobre el estrado, vi miradas angustiadas, llenas de miedo, desesperanza y desencanto. Al final de la charla me hubiera encantado hablar con todos, caña en mano, sin las formalidades que imponen estas citas. Y no pude hacerlo.Captura

Por eso el Pasaporte de esta semana es para ellos. Por un lado, para ofrecerles mi rinconcito, para que pregunten aquello que no pudieron, critiquen aquello que se callaron y para que hablemos, que para eso también está la red. Y también porque me quedaron cosas en el tintero y no se merecen que se les despache con dos pinceladas. No soy así.

Chicos, no hace falta que os diga que la Universidad no camina precisamente de la mano con el mundo real, con lo que os encontraréis el día de mañana. Lo veis a diario. No pasa nada, en mis tiempos era igual. Siempre lo ha sido, por desgracia. Eso no os hará necesariamente peores profesionales. No es lo mejor que podéis tener, pero es lo que tenéis a mano. Exprimidlo al máximo – os lo dice un mal estudiante – porque nada sobra, siempre estaréis mejor en el aula que poniendo cubatas, al menos estaréis mejor que SOLO poniendo cubatas. Si os exigen seguir las normas, seguidlas, aunque no sean de vuestro gusto y perfectas. Cuando tengáis la oportunidad de romperlas… hacedlo.

Buscaros la vida por vuestra cuenta, sin poner en riesgo las notas – no me seáis capullos -. Tocad en cada puerta, sed pesados, asumid que recibiréis un millón de “No”. Y puede que algún “Sí” que os haga diferenciaros. Si el sistema no funciona podéis crearos el vuestro propio. Es largo de explicar aquí, pero puedo daros ejemplos en privado, si queréis. Tenéis veintipocos años, no creo que sea de recibo que penséis como viejos de sesenta. Nadie os debe nada. No debéis nada a nadie. Luchad por lo que queréis. Cada uno de vosotros es de su padre y de su madre, la meta y el cómo llegar a ella no puedo saberla yo. Eso lo sabéis vosotros. Y si no lo sabéis, terminaréis por saberlo. Tened actitud, además de aptitudes.

Los periodistas, que somos bastante idiotas a veces, os bombardeamos con malas noticias, datos negativos, con mal rollo. Así es la realidad y así os la contamos, no pretendo mentiros. Hay salida para vosotros, de verdad. Pero tenéis que ganaros cada palmo de terreno. Es una putada, pero así os haréis hombres y mujeres que hoy mismo ni imagináis que podéis ser. Tenéis sangre en las venas, no solo miedo. Tenéis talento, no solo desconfianza. Sois todo lo buenos que os dejen ser y que logréis con vuestro esfuerzo. Con cada pequeña victoria, con cada hora de sueño que dediquéis a un curro o un proyecto, con cada lágrima de rabia por un currículo vuestro que va a la basura. Todo eso os hará mejores, junto con vuestras notas. A mí me ha pasado. Y me sigue pasando.

Tenéis miedo a lo que no conocéis. Es normal. Yo lo tenía y aún lo tengo (y llevo unos cuantos tiros pegados). Pero, siendo normal, el miedo no puede ser el único componente de vuestras existencias. Os equivocaréis con proyectos e ideas que ahora os parecen geniales. Y no pasará nada. Tenéis el derecho a equivocaros, pero la obligación de levantaros una y otra vez. El mito de la NBA, Michael Jordan, dijo: “He fallado una y otra vez en mi vida y es por eso que tengo éxito”. No sois menos que él. Lo juro. Apretad los puños y salid del hoyo. Estoy convencido de que podéis.

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8 comentarios

Archivado bajo Gente, Medios de Comunicación, Periodismo, Sociedad Contemporánea

8 Respuestas a “Triunfadores en espera

  1. Muy interesante, como de costumbre, César. Sólo una precisión lingüística que creo que es importante: La frase de Michal Jordan es: “I’ve failed over and over and over again in my life. And that is why I succeed” Que se traduciría, creo, mejor como: “He fallado una y otra vez en mi vida y es por eso que tengo éxito”.

    Es un pequeño matiz pero es muy importante ya que nuestra mentalidad ibérica considera fracasado a aquel que lo intenta y falla mientras que en otros países, como el de Jordan, el haber intentado hacer algo y fallado en ello es considerado una muestra de caracter y una inequivoca señal positiva de potencial.

    Como creo que clramente el mensaje general del texto va por esa línea está bien que convenzamos a las nuevas generaciones –pese a lo que puedan pensar “los mayores” que intentarlo y “fallar” no es fracasar.

    “He fallado más de 9000 tiros en mi carrera. He perdido casi 300 juegos. 26 veces han confiado en mi para tomar el tiro que ganaba el juego y lo he fallado. He fallado una y otra, y otra vez en mi vida. Pero nunca me he dado por vencido. Y es por eso que he tenido éxito en la vida.” M.J.

    O como decía Samuel Beckett: Try again. Fail again. Fail better.”

  2. viriato

    Dices: “Chicos, no hace falta que os diga que la Universidad no camina precisamente de la mano con el mundo real”. ¿En serio? Uff…, Hoy, en la Facultad de Ciencias Sociales, ¿de dónde venían las 25 personas que participaron en las distintas mesas específicas de trabajo? ¿Acaso eran extraterrestres? No, su origen era la vida real. Que no es suficiente lo que se hace, pues claro; pero algo es algo, ¿no?

    • Claro que sí, Viriato. Es preferible hacer algo que no hacer nada. De hecho, yo pertenezco a ese mundo real. Ojalá haya más mesas, charlas, debates, intercambios e interacción con empresas. Siempre se agradece, sobre todo los alumnos. Gracias por comentar

      • La Universidad, en general, siempre ha estado alejada del mundo real. En parte porque el mundo académico no comparte los criterios del mundo laboral y en parte porque el mundo cambia mucho más rápido de lo que da tiempo a revisar un plan de estudios o una asignatura, y para cuando llega esa revisión ya ha vuelto a cambiar la realidad. Por eso, siempre irá un paso por detrás de esa “realidad” del mundo laboral.
        Eso no es malo, mientras no se sitúe la institución académica en un plano de realidad paralela en el que al incorporarse al mundo laboral se den continuas disonancias.
        Además, también es importante adquirir esa parte de teoría de la disciplina que no se tendría nunca solo con la práctica profesional.
        Talleres como el de esta mañana, al que también asistí, son muy interesantes constructivos para poner en contacto ambos “mundos” y sacar ambos provecho de las fortalezas del otro.

        Por lo demás, comparto el mensaje de tu entrada. Hay que luchar y hacerlo con ganas de comerse el mundo. Esa es la actitud.

      • Gracias por comentar

        Evidentemente, no es una crítica directa a la Universidad y sus profesionales (que tienen varios problemas y más gordos que éste) pero es una realidad, como tu bien dices, por la manera en la que están concebidas las instituciones y la velocidad de cambio de las sociedades. Es un problema casi sistémico pero que EN NINGÚN CASO invalida la educación universitaria. Simplemente tienen que hacer esfuerzos dobles para que ese “escalón” sea menor. Las jornadas del día 22 y la forma en la que estuvieron diseñadas y su contenido son muestra de ese esfuerzo. Esfuerzo que hay que agradecer y que debe continuar en la misma línea. Un saludo

  3. “Al final de la charla me hubiera encantado hablar con todos, caña en mano, sin las formalidades que imponen estas citas. Y no pude hacerlo”

    Creo que hablo en nombre de muchos al decirte que estás más que invitado a tomarte cuando quieras unas cañas con nosotros y a hablar de lo que sea.
    Gracias por la charla de hoy. Un verdadero placer.

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