Aturdidos (… y II)

Les hacía hace un par de días una serie de preguntas, que espero les inquietaran lo mínimo como para hacerse las suyas propias. ¿Estamos mentalmente adormecidos? Si es así ¿Por qué lo hemos permitido? ¿Hay forma de cambiar la tendencia? Hoy les hago otra ¿Es suficiente un país “culto” para escapar a situaciones críticas como la actual?

No sé si la cultura – en sentido amplio – es la tabla de salvación. Lo que sí es seguro es que es más fácil que un hatajo de iletrados engulla sin masticar y acepte, con la fe del carbonero, comulgar con ruedas de molino. Resulta más complejo que esas mismas ideas, a machamartillo, entren sin más en cerebros serenos, despejados y bien amueblados. El ser más cultos no es un fin en sí mismo. Debe ser una herramienta para forjar un espíritu ciudadano pleno de auto consciencia, responsable y legitimado. Con la fuerza suficiente como para cortar de un solo golpe de mano los desmanes de ladrones y corruptos. Porque, como ya he dicho en otras ocasiones, no todos somos iguales. Eso, para nada. Es una batalla ardua y muy larga. Es probable que, ni ustedes ni yo, ni siquiera sus hijos, vean los resultados. Pero, ya que se nos ha venido abajo el tinglado, construyamos unos cimientos sólidos, aunque nos cueste un esfuerzo. Que esto no vuelva a pasar, aunque tengamos que sortear obstáculos. Nadie va a hacerlo por nosotros, eso sí.

Como les decía, la clave está en la formación ¿No les convence el sistema, tal cual está planteado? A mí tampoco, pero eso no significa que no pueda mirar más allá de la verja de mi propio jardín. Asesórense, pregunten a gente preparada; si no la encuentran, búsquenla, investiguen. La historia está plagada de excelentes y brillantes literatos, pensadores e intelectuales, estos sí, con I mayúscula. La red abre ventanas y es conveniente abrirlas, no solo para que entre aire fresco, sino para meter la cabeza y curiosear. Complementen la formación que reciban, si no les parece suficiente. Si se lo parece, créanme, están en un error. Sean autodidactas, comparen ideas, miren al pasado, no con espíritu nostálgico y destructivo, sino para aprehender lo bueno y desechar lo malo. Lean, por favor. Merece la pena. Si tienen hijos, hagan lo posible porque ellos también lo hagan. Si están en la universidad, en el estrado o en el pupitre, recuerden que el espíritu crítico y la forja de mentes adultas son los objetivos más importantes. El título es solo un papel, si quien lo sostiene tiene la cabeza vacía.

Y no puedo pasar sin hacer un llamamiento, también a mis compañeros periodistas. Hasta no hace mucho nosotros éramos los encargados de mediar entre la sociedad y los referentes culturales, ideológicos y morales de los que hablo. Hasta hace dos días, la buena prensa era la encargada de señalar, explicar, pensar y hacer pensar a los demás. Está claro que hemos perdido el norte, que se nos ha escapado de las manos y nuestro modelo de trabajo y de ejercicio profesional se ha ido al carajo. Aprovechemos la oportunidad. Retomemos el hábito del trabajo bien hecho, la calidad y el mimo en las informaciones. Recordemos cuál es nuestro papel. También nosotros podemos – y debemos – cimentar todo aquello que hagamos de forma sólida, trabajando – casi – desde cero para apuntalar lo nuestro. Nos comparan con los políticos, nos acusan de connivencia, de ser complacientes. Y lo hemos sido, pero es el momento de decir ¡Basta! Demasiados compañeros, profesionalmente válidos y excelentes, se están quedando en la calle, como para no poner en marcha proyectos de “prensa ética“, con una única meta: formar parte y contribuir en la creación de un sentimiento de “ciudadanía responsable”, de una sociedad post crisis que no esté dormida, ni aturdida.

Porque de eso he procurado hablarles en estas entradas. No de cultura, entretenimiento de mala calidad o educación. Sino de tener la cabeza (bien) amueblada, de ser más ciudadanos. Y mejores. El ser espectador asiduo de Gran Hermano no nos invalida, como votantes. Que no seamos capaces de mirar más allá, ser críticos y tratar de entender el por qué de las cosas sí nos resta legitimidad en las calles. Movámonos. Demostremos que no estamos tan adormecidos.

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Archivado bajo Cultura, Libros, Medios de Comunicación, Periodismo, Reflexiones e Idas de Olla, Sociedad Contemporánea, Televisión

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