¿De qué coño van?

Eso me pregunto, de cuando en cuando: de qué coño va la gente. Porque, no sé ustedes pero, a pesar de que parece que todo se desmorona en nuestro entorno y a nadie parece importarle, hay algunas cosas que me siguen afectando, que me sublevan. Y me sorprende que traguemos. Todos. Porque seguro que no soy el único al que le pasa.

Hace unos días, en Twitter, vi que una agencia de comunicación de la zona en la que vivo se mostraba muy activa y compartía enlaces muy interesantes. Me pudo el espíritu cotilla y le di un vistazo a su web. Me encantó su filosofía de trabajo, los principios por los que decían regirse y la temática de las informaciones en las que estaban especializados, su enfoque… Además, vi por las fotos corporativas que una amiga trabajaba allí.

Dado que en pocos días me quedo en paro, decidí pedirles el correo en un mensaje privado en la citada red social, para enviarles por mail lo que se da en llamar «candidatura espontánea». Les envié el correo el pasado 14 de noviembre, explicándoles quién soy, lo que hago, mis cualidades, experiencia, referencias… dando por sentado que son momentos complicados para todos y que, casi con total seguridad, no habría hueco para mí en un futuro a medio plazo. No obtuve respuesta. El pasado 25 de noviembre les envié otro mensaje privado en Twitter: «Os he enviado un correo, ¿lo habéis recibido?» Respuesta: «Hola cesar! Efectivamente lo recibimos. Si surgen nuevos proyectos, te llamaremos. Malos tiempos. Gracias».

Once días después y en 140 caracteres. Y porque fui pesado. Para nada se dignaron a responder a mi correo con un escueto «Lamentamos no poder ofrecerte nada, de momento, pero valoramos tu solicitud, etc. etc.» Todas las mentiras al uso que se cuentan, ya saben. Así se lo hice saber en Twitter, en otro privado: «Genial. Contaba con ello, aunque esperaba un gesto de buena educación acusando recibo, al menos. Me doy por enterado. Saludos» Y ojo con la subsiguiente respuesta: «Hemos estado de viaje y pensábamos explicarte todo mejor vía email. Lamentamos tu malestar. Suerte!» De viaje, amigos. Once días y la agencia al completo, por lo que se ve. En la era de los Smartphone ni una sola persona de la plantilla pudo perder un minuto en enviar un mail en las 48 horas siguientes a la recepción de mi correo. Siquiera desde el móvil, mientras estaban tan atareados «de viaje».

No es la negativa lo que me enerva, ni mucho menos. Es la pésima gestión de un trámite bien sencillo. Podrían haberse «quitado de encima» a un pesado como yo con algo de mano izquierda, diligencia, buena educación y una mínima empatía. Pero optaron por la desidia, por la inacción y me temo que por una mentira algo chusquera. No me siento especialmente ultrajado, pero me saca de mis casillas que todas las partes asuman como normal algo así. No transijo con la mala educación, ni con la falta de ella.

Vale que la cuarta parte de la población española está en el paro. Vale que todas las empresas reciben cientos, miles de candidaturas como la mía. Pero justo por ese motivo, por el dramatismo de muchas historias personales — no es mi caso, de momento —, deberían mostrar un mínimo de respeto por quienes dan el paso y, educadamente, tocan a la puerta. Si debes cerrar la puerta en las narices de alguien, al menos explícale por qué lo haces, y hazlo con toda la delicadeza de la que seas capaz, no des un portazo grosero ni dejes a nadie en el quicio de la puerta con cara de imbécil. Porque si es tu primera negativa, salvas el día sin problemas. Si te ignoran unas 200 veces, tienes ganas de matar a alguien, por sentirte tratado como medio kilo de carne picada un día sí y otro también, como si no existieras.

Del mismo modo que una mentira no puede aspirar a convertirse en verdad, por mucho que se la repita, una mala práctica, un nulo «ponerse en el lugar del otro» o tratar a ese otro como un número, es algo aceptable cuando se habla de trabajo, que es algo por lo que muchos matarían, actualmente. Aunque todo el mundo crea que es «lo normal» Que hasta para decir «No» y mentir hay que tener algo de clase.

Lamento no poder ponerme en el lugar de un estresadísimo empresario, sepultado por currículums y problemas. Pero a buen seguro casi todos los empresarios han estado en el otro lado de la barrera, porque no nacieron siendo empresarios. Si ya han olvidado lo que se siente… deberían recordarlo. No cambiará la situación económica mundial, pero harán más dulce el amargo trago de otros. Que no sé de qué coño va la gente, pero si perdemos la educación — Crisis aparte — entonces nos habremos convertido, efectivamente, en animales. Y entonces el currículo importará una mierda.

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14 comentarios

Archivado bajo Reflexiones e Idas de Olla, Sociedad Contemporánea

14 Respuestas a “¿De qué coño van?

  1. Me alegra ver que has desempolvado el pasaporte para despotricar. Bien, bien… El odio está creciendo en tu interior. Coge tu arma Jedi, utilízala, dale salida a tu furia… a cada momento que pasa estás más cerca del Reverso Tenebroso, como yo… Tenías que haberte ofrecido para contestarles el correo, hombre. Se hubieran solucionado muchas injusticias. Aunque bueno, ya está dicho. Y me parece bien denunciarlo. Ahora a ver si retomas esto del blog. Piensa en la cantidad de gente que se suscribió y que también espera de ti páginas y páginas de tu prosa enervada.

    • Querido Jean, editor “nosopranesco” de mis entretelas. Ha sido un exhabrupto y lo sabes. No sé cuánto tiempo durará este ansia por cagarse en todo lo cagable. Espero que no muera mi Pasaporte sin remisión. Gracias por estar atento y comentar

      Y no te creas, no eran tantos suscriptores. Un abrazo

  2. Es, no se sí triste es la palabra, pero a estas alturas de la película estoy convencido que la mejor actitud que uno puede tener es la de No esperar nada de nadie nunca y así si viene algo bueno pues recibirlo aún con mayor alegría y si no simplemente dejarlo pasar. Es una actitud zen que hace que uno vaya por la vida mucho más relajado, menos cabreado con el mundo — con práctica se pueden ver hasta 10 minutos de telediario sin acordarse de la madre de nadie — y más feliz. Ya que no podemos cambiar el mundo en los demás, actuemos nosotros mejor y no dejemos que aquello que consideramos injusto o ilógico nos afecte además personalmente. El blog es un gran instrumento catártico pero intuyo que el mosqueo con la situación ya te lo has llevado y sinceramente creo que no merece la pena.

    • Gracias por leer y comentar, Nando:
      Ya sabes que tengo la potestad cuasi inagotable de mosquearme por todo. Y sé que tienes razón, que debería ir más “Zen” por la vida. Pero, piensa algo ¿No es el ‘no esperar nada de nadie’ el ‘ir a nuestra puta bola’ lo que nos ha llevado, en cierta manera, al nefasto hoyo en el que estamos? Egoismo, cero empatía, cero delicadeza, cero educación.
      Todo para mí, todo según mis intereses. Todo ahora, todo rápido. Y si a ti te duele, te jodes. No sé si me explico, pero seguro que me entiendes.
      Y el cabreo —efectivamente me lo llevé, aunque duró poco— no es por la situación o el contexto de este caso en particular. Es por la FALTA DE EMPATÍA Y EDUCACIÓN. Equivale a no ceder el asiento en el bus, a gritar, en lugar de hablar. A imponer, en lugar de debatir y escuchar. Se ve que mi filosofía de vida no va con el mundo en el que vivo. Y así me va. Un abrazo fuerte
      C.

      • Hola César:

        Creo que la crítica constructiva y razonada y la acción social son importantes para tratar (muchas veces luchando contra molinos de viento) de cambiar las cosas y comparto el fondo de tu queja, simplemente creo que es importante, visto el mundo en que vivimos, que estas situaciones no afecten nuestro equilibrio personal y nuestra felicidad.

        Me parece mal esto, me voy a quejar porque considero que es necesario cambiar las cosas y, sobre todo, voy a hacerlas yo de otra manera (aquello de Gandhi de “tú debes ser el cambio que quieres ver en el mundo”), pero en mi fuero interno la situación no ha causado mayor malestar que el de una breve desazón que se disuelve en minutos, porque de lo contrario damos a los demás la potestad de agredirnos no solo con su acción, sino con nuestra reacción airada que a veces nos reconcome por dentro y que ni sirve para cambiar las cosas ni nos hace en modo alguno bien. –Hoy viendo videos de Cospedal en Los Desayunos me ha subido la tensión notblemente… y para nada… XD–

        Tener una mente zen –que creo que contribuye mucho a ser feliz en medio de este mundo caótico–, centrada en el presente es tener una mente especialmente empática y percibir el sufrimiento de todos los seres y obrar con todo esto en mente, también supone contemplar todas nuestras emociones, pero se puede, y se debe, ser “zen” y ser asertivo, o como comenta hoy nuestro tutor del curso de mindfulness que le dijo un monje budista: “se puede ser budista sin ser gilipollas, son dos cosas distintas” XD

      • Pues Nando, tendré que intentarlo aunque en este momento de mi vida, concretamente, me cuesta hasta respirar por las mañanas, sin mandarlo todo a la mierda. Un saludo (y gracias por estar ahí siempre, que casi nunca te lo digo)
        C.

    • Una salus victis, nullam sperare salutem 😉

      Joder, basta con tener un correo electrónico automático diciendo que has recibido el CV y lo estudiarás y luego otro de respuestas educadas, sobrias y elegantes.

      Malos tiempos, sí. A veces parece que tenemos que aspirar a la hipocresía como un estimulante social más efectivo que…lo que carajo sea que tenemos ahora.

      Buena entrada. Mucha suerte, un abrazo.

      • Gracias por el comentario Explorador y por el latinajo, que me ha removido (desagradables) recuerdos de estudiante de Bachillerato.
        Si es preferible la hipocresía a la honestidad ¿No cree que TODOS deberíamos frenar un poco y pensar qué coño estamos haciendo?
        Un saludo
        C.

  3. Ele

    Estoy tan, tan de acuerdo en lo que has escrito, y además en el punto de vista con que lo cuentas: o sea, es un problema de educación y empatía, que te contaré que cuando yo estaba de “redactora jefe” (y lo pongo entre comillas porque era LA redactora, única, la que hacía las fotos, la que llevaba el aperitivo de Navidad si hacía falta, y lo que surgiera, así que eso de jefa…), bueno, decía, cuando ese era mi puesto, de vez en cuando recibía CV en mi correo. No había posibilidad de dar trabajo a nadie, yo lo sabía, pero siempre contestaba (que cuesta medio minuto escribir dos líneas, coño). Les decía que gracias, que lo habíamos recibido, que éramos una empresa pequeña sin posibilidad por el momento de contratar, pero que guardaba su CV por si acaso en un futuro. Y ni siquiera fue mentira, cuando me fui de la empresa para hacer las Américas, le pasé los CV que tenía al jefe, por si alguno le servía.

    En fin, que creo, y sé, porque lo he hecho durante tres años, que no cuesta nada, y a los que buscamos trabajo y nos “candidatamos espontáneamente” porque nos atrae la empresa y tenemos ilusión, somos más felices si hay respuesta, aunque la respuesta sea un no. Ya con eso te sientes considerado.

    Ah, y estoy con tu jefe nosopranesco, que vuelva Pasaporte Charro, ¡que sí te leemos!

    • Querida Ele:
      Gracias por seguirme los pasos, a pesar de lo irregular.
      Se trata de no ser un cacho de madera ante un mensaje tras el cual está UNA PERSONA. No sé qué me molesta más, que tardasen once días y dos intentos de saber algo, en contestarme o que me mintieran tan burdamente. ¿De viaje? ¿Casi dos semanas? ¿Toda la empresa? Como bien dices, es cosa de dos minutos ser agradable en un correo, en un mensaje, ¡hasta en una llamada de teléfono, figúrate el escándalo!
      Pero con la excusa de “Llegan muchos, ergo, no merece la pena contestar a ninguno” están dando muestras de en qué sociedad estamos viviendo. Qué grupo humano estamos permitiendo que se desarrolle en nuestro entorno, qué se está haciendo de nuestras vidas. Y no. No lo soporto.
      Un abrazo
      C.
      PD: Ahora que tendré tiempo puede que escriba más en PCh

  4. Totalmente de acuerdo. En un momento en el que me planteé intentarlo en el mundillo de la traducción perdí la cuenta de cuántos CVs envié, y no recibí respuesta para ninguno de ellos, y la verdad es que termina quemando bastante.
    Luego la vida me llevó por otros derroteros aunque actualmente formo también parte de la gran empresa de España, y cada día la de más gente, y si la situación sigue así tendré que volver al bombardeo de CVs que sé que nadie contestará…
    Tristes tiempos los que nos han tocado, al menos en lo que concierne a calidad humana.

    • Hola Lau:
      Gracias por comentar. También se ha suscitado un intenso debate en facebook con este post. Un lector me comentaba que la era de los CV’s, de esperar a ser contratado por un tercero, la época del “trabajo de 8 a 5 y para casa”, las condiciones que conocieron nuestros padres… todo eso terminó. Ahora el empleo hay que crearlo, no buscarlo. Y coincido plenamente.
      Respecto a la calidad humana de (casi) todo el mundo, cada día estoy más descorazonado. No sé si no valgo para vivir en este mundo, si no soy lo suficientemente flexible para adaptarme y tragar o, sencillamente, que las situaciones me sobrepasan. O quizás todo lo anterior a la vez.
      ¿Aún alguien duda del motivo por el que no quiero tener críos? ¿En esta sociedad que hemos tolerado? No, no lo creo. No lo merecerían.
      Un beso
      C.

  5. Hola,

    Me han llegado algunos de tus artículos indirectamente, cuando Ele los comparte en Facebook, sí, la que se fue a hacer las Américas y que espero que algún día regrese, que creo que anda por ahí arriba.
    No soy una profesional de esto, pero me encanta como escribes. Supongo que también influye que las veces que te leo, suelo estar bastante de acuerdo con lo que dices.
    Este artículo, en especial, es como sí lo hubiera descargado de mi cabeza en un pen drive y te lo hubiera pasado para que ordenaras las ideas y quitaras los tacos de entre las palabras. Creo que aunque no sea exactamente la misma situación, se puede extrapolar a experiencias que, casi con toda seguridad, hemos vivido muchos.
    Seguro que el mundo sería mejor si nos importaran un poco más las personas, sintiéramos un mínimo de empatía y derrocháramos buena educación. Pero, lamentablemente, parece que ésto está en peligro de extinción.

    Un saludo,
    Rocío.

    • Hola Rocío:

      Bienvenida, lo primero. Y lo segundo, me alegro de que me leas y que coincidamos. Lo que no me gusta tanto es que te sientas tan identificada —posiblemente por haber pasado por lo mismo— y que, como nosotros, también lo puedan estar miles de personas con ganas de trabajar, sí. Pero también con capacidad para ser empáticos, para no olvidar que la gente con la que tropiezan en las aceras o con las que se cruzan en el ascensor son PERSONAS.

      Confío en que algún día alguno de nosotros pueda escribir algo como esto, aunque contando justamente el caso opuesto. Espero que vuelvas y que sigas leyendo las tonterías que suelo colgar. Un abrazo

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