Periodismo de guerrilla

El origen de todo, un tuit sobre mis preferencias y orden de lectura de la prensa digital. Las consecuencias en cascada, un par de reacciones veladamente airadas y mi bautizo automático como «más rojo que la lumbre» (sic). A pesar de lo anecdótico del caso, a raíz del mismo se me ha ocurrido ponerme a pensar sobre el punto en el que se encuentra la prensa de este país. Y si es posible que alguna vez abandone ese punto, que más que un punto es un abismo. Bueno… también he pensado más cosas.

Al igual que en el panorama político español del bipartidismo, el pasado mediático más cercano estaba dominado por «los grandes» nombres y cabeceras: El País, El Mundo, ABC, La Razón, La Vanguardia, … Pocos diarios grandes, a los que cualquiera acudía para saber qué estaba pasando, para tratar de hacerse una composición de lugar de los vaivenes político sociales de España – aunque esto es matizable, como veremos -. Para las «menudencias» de proximidad, autonomías, ciudades y pueblos, ya estaba la siempre maltratada y heroica prensa local y regional.

El tuit que inspira esta entrada

El tuit que inspira esta entrada

Sería absurdo ahondar en el ya manido – que no menos cierto o preocupante – discurso sobre la crisis de la prensa, aunque es innegable que los diarios son cada vez menos vendidos y leídos, sobre todo las ediciones impresas. Muchos de los diarios regionales y locales directamente han desaparecido y los «grandes» hacen lo que pueden para no seguir el mismo camino. Los datos son tozudos, los lectores se alejan de los kioscos para aproximarse cada vez más a las pantallas y, debido a esto y a otros factores de tinte más macroeconómico y clientelista, los tótems mediáticos españoles se revuelven como gato panza arriba para no hundirse (más).

Y no se trata únicamente de una crisis estructural y sistémica relacionada con el «modelo de negocio», expresión que es indicativa ya de un gran problema de base y que me chirría tanto como espero que a ustedes. Se trata también de un descenso proverbial en la calidad de los contenidos: va más allá de las informaciones mal expuestas, redactadas o incompletas. Muchas veces son sesgadas a sabiendas, manipuladas, maquilladas en beneficio de terceros – con interés político, empresarial o ambos – y más acordes con un mundo fantástico, presente únicamente en los despachos, que con el mundo real. La ciudadanía, lea mucho o poco la prensa, sea más de café con churros y papel grasiento que de tableta y agregador RSS, se da cuenta de ello. Y ahí sí que está la madre del Cordero, en la ausencia casi total de legitimidad de las «marcas» que antaño iban asociadas a las grandes cabeceras. Los ciudadanos han comprobado que los diarios han dejado de ser plataformas de información para convertirse en púlpitos de la más desvergonzada propaganda. Muchos periodistas también, pero callan por interés.

Rojo como la lumbre

Aquí, un defensor de la pluralidad

Ojo aquí. No seamos ingenuos, todos los diarios, desde que se pusieran en circulación los primeros pliegos de cordel hace siglos, han llevado aparejados determinados intereses económicos e ideológicos. Desde que se redactara el primer editorial, el responsable del medio de turno ha «sacado la patita» para atizar a quien consideraba oportuno, normalmente con planteamientos políticos e ideológicos contrapuestos a los suyos, con opuesta forma de entender la economía, la sociedad… el mundo.

He aquí una de las verdades incontrovertibles del oficio periodístico: NO EXISTE la objetividad, no existe una verdad absoluta y única. SIEMPRE existirán interpretaciones de lo que ocurre y el por qué. Los periodistas somos personas, no máquinas. Tenemos sentimientos, preferencias y, sí, también ideologías políticas. De acuerdo con esto, hemos tenido hasta no hace mucho, la libertad de trabajar en medios de comunicación que estuvieran más o menos alineados con ese equipaje personal. No sólo no me parece criticable, sino que lo considero deseable. Que cada medio sea coherente con determinada línea editorial e ideológica, que uno, varios o todos sus trabajadores coincidan con ella y actúen en consecuencia. Recuerden lo que les he dicho sobre la entelequia de la objetividad.

No me parece grave el tener ideología política y no ser objetivo. Lo que sí me lo parece es no ser HONESTO con una forma de trabajar en periodismo. Ser fiel a una manera de entender cómo se ejerce esta profesión: contrastar y verificar los datos que aporta una fuente, huir de las declaraciones enlatadas y las notas de prensa «prefabricadas», respetar a quien nos lee o nos escucha y no tomarlo por idiota. En definitiva, ser independiente de verdad y no sólo en las campañas publicitarias.

Para tratar de ganar esa batalla «Independencia» VS. «Viabilidad económica» han surgido varias plataformas de cierto peso en el panorama mediático del país. Sobre todo en Internet: eldiario.es, infolibre, El Español,… Todas ellas comparten una misma premisa básica, como es la financiación mayoritaria a través de sus lectores y suscriptores, y en menor medida de la publicidad tradicional. De esta forma quien escribe recibe menos presión e influencia de los centros de poder político y económico. Que la supervivencia de un medio dependa de quien lo lee, que el lector sea fiel en la medida proporcional en que la información sea independiente y de calidad permite centrar el foco en el lector y su capacidad de discernir, sin trampa ni cartón. Así ha debido ser siempre, sólo que los periodistas nos vendimos, como putas, por un plato de lentejas.

Con este nuevo modelo los medios han ganado en independencia auténtica y, lo que es más importante, están recuperando la LEGITIMIDAD y la credibilidad de su trabajo. Muy lentamente y con dificultad, pero lo hacen. Por ello hablaba en Twitter de que habían desplazado, en mi escala de prioridades lectoras, a los «grandes medios» de antaño. El hecho de que estén alineados más con el centro izquierda ideológico que con otras opciones me parece circunstancial. No puedo negar que existan medios más próximos al centro derecha que imiten este modelo (con muchísimos matices), el que no sean mi primera preferencia no implica que no los conozca o aplauda su existencia.

Nuevo Periodismo

Algunas cabeceras que prueban modelos nuevos

A pesar de ello, muchos compañeros periodistas y ciudadanos interpretan mi tuit y otras manifestaciones públicas similares como un alineamiento político incondicional y prefieren dar más importancia a la parte que al todo. Porque el hecho de que lea primero un diario u otro – nadie ha afirmado que sean mis únicas lecturas – o que haya aparcado a los «grandes medios» implica para esas personas el posicionamiento belicoso con «los otros», los que van contra «los míos». Y ahí radica otro de los grandes problemas, mucho más transversal y de difícil solución.

Que el tener ideología o preferencia política sea un ejercicio excluyente por necesidad de la diversidad democrática deseable. Que el pensar por uno mismo, criticar lo establecido y manifestar disidencia, disconformidad y estupefacción ante falsedades y manipulaciones sea sinónimo de beligerancia, de elección de un «bando». Y no, señores. En este país hace demasiado que identificamos y etiquetamos «bandos» cainitas. Y así nos luce el pelo a todos. La adhesión a unos planteamientos ideológicos y políticos a marchamartillo, por más peregrinos y falaces que sean, demuestra poca madurez.

Si en lugar de percibir halagos por un modelo de periodismo, se lanzan piedras – en sentido figurado – por estar más próximo a la «trinchera» contraria que a la que sentimos como propia, es que nos queda un tortuoso camino por andar aún. Y la manera en que servidor entiende el periodismo, la política y el futuro del país carece por completo de importancia. Algunas personas me han criticado, en público y en privado, por tratar de dar «clases de periodismo» e imagino que, tras textos como éste, esas conductas se exacerbarán aún más. Aunque las clases de periodismo se imparten en otros lugares y me molesta la falsa acusación, esta reacción también es síntoma de otro problema, relacionado con los que analizo aquí: la descalificación sistemática de quien no piensa como yo, el «cuñadismo» español, tan castizo e impenitente. Pero eso es materia de otro Pasaporte. De momento lo dejo aquí y me pongo a revisar los titulares del día, a ver si consigo emerger de sóviet.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Medios de Comunicación, Periodismo, Política, Reflexiones e Idas de Olla, Sociedad Contemporánea

Cuéntame algo

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s